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martes, 21 de junio de 2011

Bangkok es maligno, te vuelve agresivo: Apichatpong Weerasethakul


 Apichatpong Weerasethakul, mejor conocido como Joe



Una de las revoluciones capitales del género fantástico en la cinematografía del siglo XXI proviene del imaginario del inclasificable artista contemporáneo y realizador tailandés Apichatpong Weerasethakul. Con seis largometrajes a cuestas y varias exposiciones con fotografías, instalaciones y videoarte, se ha convertido en un referente imprescindible de la escena asiática actual. Sergio Raúl López  conversa en estas páginas con el multipremiado renovador del cine contemporáneo.



Sergio Raúl López


Sumergida en la lentitud repetitiva, cansina de la vida cotidiana, en un pueblo campesino tailandés cualquiera, aparece, sin más, materializado, tangible, el eterno retorno y las vidas recurrentes. En las noches de una granja donde se cultivan árboles frutales y miel, repleta de trabajadores ilegales de Laos, aparecen el fantasma de la ex esposa –fallecida 19 años atrás– y una criatura de pupilas rojas de tan dilatadas y cuerpo cubierto totalmente de cabello oscuro, que resulta ser el hijo extraviado pocos años más tarde. Visitan a Boonmee, quien aguarda con tranquilidad el desenlace fatal, inevitable, de la insuficiencia renal que le aqueja.En tanto va siendo abandonado por el hálito vital, el personaje, atado permanentemente a una sonda para drenar su orina, es asaltado por bellísimas imágenes del pasado remoto tailandés: un bovino que se escapa de sus dueños y luego es recapturado o una princesa que no puede soportar su fealdad y se contenta con mirar un espejismo de su rostro en el agua de una cascada, seducida por un bagre que finalmente la posee.Pero asimismo sueña con el futuro. Un futuro terrible, donde campean entre la población los atavíos militares y las metralletas en ristre, y en el que armas luminosas pueden lograr, sin más, desaparecer a la gente, particularmente a aquella que ha viajado en el tiempo.Lo que para el pensamiento occidental forma parte del repertorio del realismo fantástico, de la ciencia ficción, una fabulosa invención, es, en realidad, un fragmento de la vida cotidiana en la región del sureste asiático, donde criaturas ilusorias comparten la vida diaria con sus habitantes, y las selvas y manglares son habitados por fuerzas míticas que interactúan en todo momento con los seres comúnmente aceptadas como reales.
Nacido en la capital Bangkok, en 1970, fue criado en el noreste, en la ciudad de Khon Kaen, en cuya universidad estudió arquitectura, para luego trasladarse a los Estados Unidos para cursar un posgrado en Bellas Artes en el School of Art Institute de Chicago. A su regreso, fundó la compañía Kick the Machine, especializada en filmes experimentales e independientes.
La relevancia de su obra se refleja en los galardones que ha conseguido. Primero obtuvo el Premio del Jurado en la edición 2004 del Festival de Cannes por Malestar Tropical (Sud Pralad, 2004) y posteriormente la más reciente Palma de Oro por La leyenda del tío Boonmee (Loong Boonmee raleuk chat, 2010), por lo que es ya una presencia constante en festivales y muestras cinematográficas por todo el mundo, donde se le conoce simplemente como Joe.
Pero tan inclasificable la obra como el artista. De apariencia mucho más juvenil que sus cuarenta años de edad  y mucho más humilde y sereno que el fervor que ha provocado tras los premios franceses, sencillo para vestir y reposado para contestar, incluso tímido, sorprende su determinación a la hora de confeccionar relatos para el cine, en los que la taxonomización de los distintos reinos de la naturaleza se extravía en las selvas en que suele filmar.
No sólo fue capaz, en Malestar tropical, de mostrar los créditos a la mitad de un filme, que primero es un mediometraje homoerótico y luego una película fantástica protagonizada por monos cuyos diálogos subtitula. Y de hacer desaparecer a uno de los enamorados, el campesino Tong, en la jungla y luego hacerlo aparecer como una presencia que es a medias león, brujo y fantasma, responsable además de varias vacas degolladas que aparecen a cuadro, encarnación de viejas leyendas folclóricas y mitologías, casi prehistóricas en la Tailandia actual.
Para reafirmar la tesis de que lo inusitado convive con lo cotidiano, baste mencionar que Boonmee fue un personaje real del noreste tailandés que vivió en la aldea de Nabua, en la región donde Weerasethakul vive desde hace un par de años. Un monje budista le obsequió un pequeño libro titulado El hombre capaz de recordar sus vidas pasadas, centrado precisamente en este personaje famoso por guardar memoria de sus existencias previas.



 

En el 2008, el cineasta no sólo escribió un guion inspirado en la historia, sino que emprendió diversos viajes por la región buscando a los descendientes y parientes del Boonmee histórico, pero la región fue ocupada y barrida por el ejército nacional entre los años sesenta y ochenta, para combatir al comunismo. De la documentación levantada, sin embargo, surgió el proyecto Primitive, integrado por siete videoinstalaciones, un libro y una serie fotográfica, que explora los conceptos de historia y memoria  en ese sitio, donde los recuerdos y las ideologías se extinguieron. Más tarde filmó ahí la película ganadora del pasado Festival de Cannes, cuyo jurado fue presidido por un maestro del género, Tim Burton, tras la fallida y costosa Alicia en el país de las maravillas. 

LA LEYENDA DEL TÍO BOONMEE


La industria tailandesa de cine es cada vez mayor y produce abundantemente cine de género que busca la espectacularidad mediante efectos especiales. Pero su cine es muy diferente del de esta industria, ¿cómo lo ubicaría en la escena tailandesa actual?

No lo sé. En el cine tailandés, lo mismo que en arte, tengo mi propio mundo, y ni siquiera de forma local sino incluso respecto del resto del mundo. No tiendo a relacionarme con lo que sucede en la actualidad, tengo mi propio paso y mis propias referencias, mis propios intereses y una lógica personal para hacer cine.

En los filmes tailandeses se muestran las viejas ciudades como Ayutthaya, los grandes templos budistas, pero no retratan este fondo mítico que existe en su trabajo, no van tan profundo hacia la selvas, las tradiciones o la vida misma de la gente.

Tiene que ver con la estructura de estos filmes, porque son impulsados por estudios o buscan vender esos paisajes. Tengo que admitir que nosotros no trabajamos con los estudios, así que realmente nuestro trabajo tiene en mente al mercado local, trabajamos con presupuestos realmente bajos y, por lo tanto, las condiciones no son muy buenas. Es por eso que filmamos solamente durante veinte días, con lo que no logras un buen detalle en el guion y cosas por el estilo.



Para continuar leyendo de clic aquí: 


http://issuu.com/performance/docs/pfm_140_issuu

martes, 7 de septiembre de 2010

Conversación con Park Chan-Wook





Sergio Raúl López, colaborador de Performance, sostuvo recientemente una charla vía Internet con el director coreano Park Chan-Wook (Sed de Sangre, 2009) -uno de los mas genuinos autores de cine contemporáneo. Las siguientes líneas, extraídas de la entrevista-conversación aludida (publicada en el último número del períodico), ofrecen un testimonio único en relación con la propuesta cinematográfica del aclamado director asiático. 



S. R.L.

Un elemento recurrente de su cinematografía es que las fronteras morales y éticas prácticamente se borran. Las víctimas y los victimarios intercambian continuamente sus papeles, pues más que de violencia y redención, su trabajo contiene una amplia reflexión sobre la condición humana.

P.C.W

Por supuesto. Lo que trato en mis películas no es el concepto abstracto del bien y del mal, sino lo que ocurre con seres específicos, trata de personas buenas y de personas malas. Y es que ese es mi punto de vista, que las personas, incluso las buenas y las malas, no poseen características fijas, sino que algunas veces son buenas y en otros momentos son malas. Simplemente ocurre que hacen actos, buenos o malos, en ciertos momentos específicos y lo que complica mucho más estos asuntos es que las buenas intenciones no llevan inmediatamente a realizar buenas acciones, a buenos desenlaces, pero es que así funciona el mundo. Y precisamente como ejemplo de que las mejores intenciones pueden conducir a los peores resultados posibles, podemos ver la historia de este sacerdote, que comparte su sangre de vampiro con la mujer que ama con la intención de salvar su vida, pero como resultado de esta acción da a luz a un depredador diabólico imperdonable.

S.R.L.

Es decir, que su planteamiento sobre la moralidad resulta complejo e intrincado, como lo es asimismo en la vida cotidiana.

P.C.W.

El protagonista no es, simultáneamente, un sacerdote y un vampiro. Sino que ha sido, desde siempre, un sacerdote, y la película muestra el proceso que atraviesa para convertirse en vampiro. El cura siempre tiene más aspectos morales y más fe que la gente común y corriente, es por eso que decidió participar en un experimento para erradicar una enfermedad mortal que asola África. Pero es debido a su fe, a ese espíritu de entregar la vida por los demás, que finalmente lo llevó a convertirse en un vampiro. Entonces, en la película, planteo que estas voluntades hacia el bien a veces acaban por convertirse en el mal.

Pero dentro de su moral hay aspectos oscuros. Por ejemplo, los deseos por suicidarse, así sea por una buena causa como el experimento médico o el deseo de peregrinar a otra tierra para conseguirlo, cuando él, como sacerdote, recomienda no hacerlo a la feligresía, pero contradictoriamente en su interior lo desea para sí mismo. Otra es que este cura aspira a la santidad y, gracias a ella, a comunicarse directamente con Dios. Pero son deseos escondidos, a la vez que prohibidos. Aparentemente es humanismo, pero al mismo tiempo son deseos muy peligrosos.

El cura tenía estos deseos, pero no eran muy bien vistos, pero cuando se convierte en vampiro, en un ser que debe vivir de la sangre de otras personas, ya no puede controlar sus deseos y se ha convertido en una mala persona que se permite amar y desear sexualmente a una mujer casada, como Tae-ju, la protagonista.

S.R.L.

¿Qué tan grande influencia resulta su formación católica en el cine que hace?

P.C.W.

Crecí en una familia católica, pero a diferencia de América Latina y Europa, donde el catolicismo es más abierto, en Corea es diferente, no existen imágenes del castigo. Cuando yo era niño en los años setenta, el catolicismo coreano tuvo mucha influencia de los movimientos de América del Sur y creo que esa fue una de las mayores fuerzas para la resistencia contra la dictadura en Corea. La influencia sobre mí, por lo tanto, no era en el sentido del pecado o de pedir perdón en las iglesias, sino como fuerza contra la dictadura. Y el sentimiento del pecado que existe siempre en mis películas surgió de la culpabilidad que tengo por no haber participado en esa lucha ni en las manifestaciones políticas cuando yo era universitario, como lo hicieron mis otros amigos.




Fragmento de la entrevista. La versión completa puede leerse en la edición 122 del periódico Performance.

 
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